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LOS PRIMEROS MILAGROS DEL SANTO
Convaleciente de la enfermedad, un día dijo Roque a su amigo:
"Llévame a la ciudad, tengo que cumplir un encargo del Señor".
Una vez en la ciudad, pálido como un mármol infundía temor al contagio y todos le huían; de pronto cambió la
situación, en masa acudían tras él, gritando: ¡Milagro, milagro!
¡Que pasa, que pasa! Preguntaba el gentío, acercándose veían que Roque bendecía con la señal de la cruz a los
enfermos y quedaban curados.
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Terminada su misión salvadora volvió a la cueva y en sueños escuchó la voz del Señor, que le decía: "Vuelve a tu
patria y practica penitencia por los pecadores, que tú eres uno de mis elegidos".
Inolvidable fue la despedida de su amigo Gotardo, no sin antes afianzar su fe en Cristo, luego tomó camino a
Montpellier.
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PEREGRINAJE A LA GLORIA
Encontrábase Montpellier sumido en tremendas luchas intestinas por el poder, nadie se excusaba de cometer
maldades e intrigas, todos desconfiaban de todos, Roque había cambiado físicamente, ya no era el joven gallardo
y elegante, sino más bien parecía un mendigo, pobremente vestido, su rostro ya no era del muchacho alegre que
conocían, sino que denotaba sufrimientos pasados y nadie lo reconoció, lo tomaron por espía y lo enviaron a un
calabozo maloliente y frío.
Su tío Guillermo Rog, el gobernador, le interrogó sin sacar nada en claro, mandó que lo azotarán y la vuelta al
calabozo.
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Durante cinco años vivió el tormento de no sentir los rayos del sol, hambre y miseria mortificaron su cuerpo,
todo aceptaba con resignación: "Mis sufrimientos son pequeños, en comparación con los de la Pasión de Jesús",
decía.
Cruel situación que minó la fortaleza del joven de treinta y dos años de edad.
En la noche de 16 de agosto de 1327, su alma bendita peregrinó al Reino de los Cielos, prometiendo que desde el
más allá, seguiría curando enfermos en nombre de Dios.
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VIVIR DESPUES DE MORIR
Los carceleros difundieron la noticia de que el preso que murió era un Santo, que de su cuerpo salían rayos de
luz…
Entre las míseras pertenencias encontraron pruebas de su verdadera identidad, el gobernador profundamente
arrepentido, mandó tributarle solemnes exequias.
El culto al Santo de los Enfermos comenzó a propagarse por todas partes, al igual que sus imágenes. Se dice que
Gotardo fue uno de sus primeros devotos y pintó un cuadro de San Roque, que se venera en la capilla de Santa Ana
de Piacensa.
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Las fiestas en homenaje a Roque Santo Peregrino se difundieron cruzando continentes y mares.
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Autor: Mario Valverde Toro
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