Olvidado de las gentes,
solo en el monte viviste,
un perro con pan te asiste,
con que la vida sustentas.
Vuelves al fin a tu tierra
y en una carcel te encierran,
a los cinco años cabales
ya nadie te conocía.
En el agua pendiente hallaste
la gente apestada y triste,
cruces sobre ellos hiciste
y al instante los sanaste.
Glorioso Santo San Roque,
con humilde sencillez,
aquí nos tienes postrados
de rodilla a tus pies.
Adios padre soberano,
adios soberano padre,
echanos tu bendición,
al año vendré a cantarte.
Hoy me despido llorando,
Roque Santo peregrino,
me voy con tu bendición,
Adiós glorioso y divino.